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viernes, 19 de octubre de 2012

¿QUIÉN CONTROLA LO QUE COMEMOS?



Millones de argentinos consumen diariamente cereales, frutas, verduras y hortalizas que, en su mayoría, no atraviesan control alguno, o que estarían prohibidos en Europa y EEUU, por superar los límites permitidos de agrotóxicos.

“Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago". Cuando Cervantes dibujó en la boca de su estrecho don Quijote el consejo para Sancho, allá por el 1600, las preocupaciones asociadas a la comida eran bastante más sencillas que ahora: el goloso temía engordar; el hambriento, perecer.

Pero hoy cada alimento parece esconder un enemigo agazapado. Mientras los padres huyen de la traicionera Escherichia coli y los vegetarianos buscan “sustitutos” de la carne, los científicos se ocupan cada vez más de los residuos de plaguicidas presentes en lácteos, granos, frutas y verduras: un mal bocado que inquieta a los grandes importadores, como la Unión Europea, Rusia y los Estados Unidos, pero parece no indigestar a las autoridades locales.

En mayo, la Cámara de Diputados santafesina elevó al Ejecutivo provincial un pedido de informes sobre la presencia de plaguicidas y otros residuos peligrosos en leche materna y en productos lácteos industriales como leche, yogur y postres destinados sobre todo a los más chicos. La solicitud se basa en estudios realizados por investigadores del Laboratorio del Medio Ambiente de la Universidad Nacional del Litoral, coordinado por la doctora en Química Argelia Lenardón, sobre muestras obtenidas en el Hospital de Niños de Santa Fe y un hospital zonal del norte de la ciudad.

En el 86 por ciento de esas muestras se halló al menos un plaguicida de alta toxicidad –algunos prohibidos– como heptacloro, aldrin, clordano, dieldrin, endrin y DDT. Según los expertos, los plaguicidas viven decenas de años en la tierra y se trasladan muchas veces con los vientos o son comidos por las vacas junto con el pasto, y así entran a la cadena alimentaria hasta llegar a la leche que se consume en los hogares.

Gusto amargo.

Malezas, insectos, ácaros, gusanos, caracoles y hongos son algunos de los blancos preferidos de los plaguicidas, venenos con apellido (también se los llama “fitosanitarios” o “agrotóxicos”) que cuentan con ejércitos de defensores agropecuarios que invocan el uso y la dosificación responsables de las sustancias y el “período de carencia”. Esto último se refiere al tiempo que, en teoría, debe transcurrir entre la fumigación y la cosecha para que el consumo del producto no sea tóxico.

El problema es que estas buenas prácticas agrícolas no siempre se cumplen. “En algunos productores rurales hay un gran desconocimiento de la normativa vigente y de los plaguicidas adecuados para cada hortaliza o fruta”, explica la ingeniera agrónoma María Gabriela Sánchez, jefa del Departamento de Aseguramiento de la Calidad del Mercado Central de Buenos Aires. Y asegura: “También falta crear conciencia sobre los daños que puede causar en el medio ambiente, al acumularse en suelos y aguas, y sus efectos adversos en el ser humano, ya que muchos son cancerígenos”.

Otros apuntan a la acelerada expansión sojera del campo. “No es casual que la mayoría de las denuncias sean de las provincias de Córdoba y Santa Fe. Estas son las principales áreas productoras de soja transgénica, cultivo que ha provocado un aumento exponencial en el uso masivo de agrotóxicos”, asegura la bióloga y ecologista Javiera Rulli, miembro del Grupo de Reflexión Rural. En su último informe, la ONG investiga la relación de los plaguicidas con el aumento de casos de cáncer y malformaciones congénitas, lupus, artritis, púrpura, asma y alergias varias en las principales provincias sojeras. En el último año, dicen, se utilizaron en esas plantaciones unos 160 millones de litros de glifosato, un herbicida de amplio espectro y muy tóxico cuando está formulado.

El problema inquieta, y ni la espinaca se salva. Científicos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy analizaron este año 37 muestras elegidas al azar, adquiridas en mercados de frutas y hortalizas y verdulerías de la ciudad de San Salvador de Jujuy. En todas ellas, los expertos hallaron residuos de zineb, un fungicida de uso masivo y de bajo costo muy utilizado en esa provincia. En el 17,1 por ciento de ellas, el tóxico superaba el límite máximo de residuo permitido en la Argentina, de 3 ppm (3 partes por millón) y el 93,55 por ciento superaba el rango fijado por la Unión Europea.

“Presenta efectos tóxicos agudos en humanos, como dermatitis de contacto, mareos y convulsiones”, explica la bioquímica Graciela Bovi Mitre, jefa del Programa de Detección de Residuos de Plaguicidas de esa facultad. Y añade: “Para la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, pertenece al grupo 3, no clasificable como carcinogénico para los humanos, a pesar de que los investigadores españoles lo denunciaron como tal”.

Poco control.

La Agencia para la Protección Ambiental de los EE.UU. (EPA, por sus siglas en inglés) sostiene que la exposición dietaria a los plaguicidas ocurre a través del consumo de alimentos domésticos e importados que contengan residuos de estos químicos y de la ingestión de agua potable contaminada.

¿Quién controla estos excesos en la Argentina? En 2001, el Senasa creó el Sistema de Control de Productos Frutihortícolas Frescos (Sicofhor), cuya puesta en marcha estaba prevista en cuatro etapas, según se indica en su página web. Por ahora, sólo es obligatoria la primera, que es la identificación de los productos frutihortícolas frescos. La detección de químicos es la penúltima. Desde el viernes 29 de septiembre, PERFIL llamó siete veces al Senasa para ampliar la información y hasta envió un mail con las inquietudes a la casilla de prensa. Las respuestas llegaron por esa vía dos semanas después.

Uno de los pocos laboratorios del país preparados para detectar estos residuos tóxicos funciona en el Mercado Central de Buenos Aires, creado originalmente para ser epicentro controlador de las frutas y hortalizas de todo el país. Pero el sistema se desreguló en el ’92 y hoy se controla sólo un 20 por ciento de lo que se consume en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense. ¿Qué pasa con el resto de la mercadería? ¿Quién inspecciona? “No sabemos. Algunos mercados, como el de La Plata, implementaron sistemas de vigilancia: sacan muestras al azar y las mandan al Senasa para que las analice. Algo es algo”, lamenta la ingeniera agrónoma Sánchez, del Mercado Central. Y agrega: “En Córdoba y Río Cuarto están empezando a controlar, y también en el Mercado Fisherton de Rosario. Pero hay un problema grave: los recursos”.

—¿Cuánto cuesta montar un laboratorio apto para estos controles?
—Unos dos millones de pesos, que es el presupuesto anual para equipamiento y mantenimiento de nuestro laboratorio.

—¿Los productores pueden esquivar los controles?
—Técnicamente, sí. No es obligatorio mandar los productos a los mercados ni hacer estos análisis.

Los efectos de los pesticidas en los humanos son directos y pueden ser letales. El barrio Ituzaingó Anexo, de la capital cordobesa, es uno de los más complicados. Edificado sobre residuos industriales y con una población de 5.000 vecinos, cuenta actualmente con 200 vecinos enfermos de cáncer, mientras que 23 niños de la zona llevan en su sangre alfa hexaclorociclohexano, un poderoso pesticida prohibido en el país, según determinó un estudio realizado en marzo último por la Dirección de Ambiente de la Municipalidad cordobesa. Durante 20 años bebieron, lavaron y cocieron sus alimentos con agua contaminada con endosulfán y heptacloro –determinado por controles a los tanques de agua– y metales pesados como plomo, cromo y arsénico. Además, los vecinos luchan contra las continuas pulverizaciones que se realizan sin control en los campos de soja vecinos. “En el suelo se encontró malatión, clorpirifós, alfa-endosulfán y HCB”, detalla el informe.

La postal se repite en las poblaciones cordobesas de Monte Cristo, Mendiolaza, San Francisco y en las santafesinas San Lorenzo, San Justo, Las Petacas, Máximo Paz y Piamonte.

Hallazgo.

Una investigación argentina publicada este año en la revista científica Breast Cancer Research determinó “asociaciones positivas entre niveles de pesticidas organoclorados en el tejido adiposo mamario y el consumo de grasa animal y pescado de río”.

El estudio fue realizado por el Laboratorio de Endocrinología y Tumores Hormonodependientes de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral. Los residuos de plaguicidas fueron encontrados en 76 mujeres que viven en Santa Fe y sus alrededores, no expuestas laboralmente a estos tóxicos, que fueron a hacerse biopsias por lesiones mamarias o tuvieron cirugías plásticas. “Esta gente incorporó el pesticida comiendo”, sugiere el estudio.

Entre las pacientes, 54 fueron diagnosticadas con carcinoma invasivo y 17 con patologías mamarias benignas. El 70 por ciento de ellas tenía una dieta rica en carnes rojas y embutidos. Se trata del primer reporte completo de la Argentina en cuanto a las concentraciones de residuos de organoclorados en mujeres de los últimos 30 años.
http://www.api-guia.com.ar/primavera%20silenciosa/primavera_silenciosa.htm


Un estudio revela que los herbicidas también dañan la reproducción de las plantas
Publicado el 9 enero 2009 por turcon
El Mundo, 9-1-2009
TANA OSHIMA

MADRID.- Pocos libros sobre medio ambiente han tenido tanto impacto en la sociedad como Primavera silenciosa, de Rachel Carson. En 1962, la bióloga estadounidense denunció en su libro el uso indiscriminado del insecticida sintético DDT (Dicloro-difenil-tricloroetano) sobre los campos de cultivo de Estados Unidos.

Según su entonces revolucionaria tesis, estos compuestos químicos se acumulaban progresivamente sobre los seres vivos, especialmente en las aves, y terminaban por causarles la muerte. Si continuaba expandiéndose el DDT por el campo estadounidense, llegaría el día en que los pájaros dejarían de cantar. Llegaría la primavera silenciosa. Diez años después, el Gobierno de EEUU prohibió el pesticida.

La regulación sobre insecticidas, herbicidas y fungicidas de uso agrícola ha cambiado mucho desde entonces de cara a reducir el impacto sobre el medio ambiente y, sobre todo, sobre la salud humana. Sin embargo, un nuevo estudio advierte de que los controles actuales para evaluar el impacto de los pesticidas sobre las plantas no son suficientes debido a que dejan fuera los posibles daños en el vegetal a nivel reproductivo.

La investigación, llevada a cabo por varias instituciones estadounidenses y la Universidad de Oregón, y publicada en Journal of Environmental Quality, muestra cómo la reproducción de la patata se ve afectada incluso por dosis muy bajas de herbicidas.

Concretamente, cuanto más joven es la planta, más susceptible es a los pesticidas sintéticos. El momento en que se aplica el herbicida también resultó ser crucial, pues el daño era mayor cuando la planta entraba en contacto con los compuestos químicos a las dos semanas de brotar.

Las alteraciones reproductivas de la patata pueden tener consecuencias desastrosas para la economía, con una baja productividad de tubérculos. Pero los efectos son incontrolables cuando afectan a los ecosistemas enteros a través de la cadena alimentaria.

“Los rendimientos reproductivos de las plantas tienen grandes efectos sobre las cadenas alimentarias. Las productos reproductivos de las plantas dan soporte a poblaciones de vertebrados e invertebrados y son uno de los principales factores reguladores del éxito de las poblaciones animales”, escriben Thomas Pfleeger, Milton Plocher y colegas.

martes, 28 de agosto de 2012

Efectos en la salud de los plaguicidas utilizados en los cultivos transgénicos

Nueva revisión científica sobre los efectos en la salud de los plaguicidas utilizados en los cultivos transgénicosporNOTICIASDEABAJO • 26 AGOSTO, 2012 • PRINT-FRIENDLY

GMWatch, 25 de agosto de 2012


El profesor Andrés Carrasco

Nota: Se reproduce aquí un capítulo del nuevo libro del profesor Andrés Carrasco y sus colegas ( resumen y conclusión). En el libro se revisa la literatura científica sobre los efectos sanitarios de los plaguicidas que se utilizan en grandes cantidades en el cultivo de la soja y otros cultivos transgénicos.

La conclusión a la que se llega es que resulta insostenible por los efectos perjudiciales de los plaguicidas utilizados en los cultivos transgénicos y pide la adopción de políticas que den prioridad a la seguridad ambiental y la seguridad alimentaria, frente a los intereses de las industrias agroquímicas y los mercados.

El capítulo forma parte de un nuevo libro, “Avances en Toxicología molecular, vol.6”, publicado por Elsevier:

http://www.amazon.com/Advances-Molecular-Toxicology-Volume-6/dp/0444593896

Más información sobre las investigaciones anteriores del profesor Carrasco, que encontró que el Roundup y el glifosato causan defectos de nacimiento en los embriones de los animales:

http://noticiasdeabajo.wordpress.com/

/11/17/investigaciones-del-profesor-andres-carrasco-que-muestran-relacion-entre-el-roundup-y-los-defectos-congenitos/

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Los pesticidas usados en América del Sur en la Agricultura OGM: una revisión de sus efectos sobre los seres humanos y en modelos animales

Silvia L. Lopez, Delia Aiassa, Stella Benitez-Leite, Rafael Lajmanovich, Fernando Manas, Gisela Poletta, Norma Sanchez, Maria Fernanda Simoniello, y Andres E. Carrasco

Avances en Toxicología Molecular, Volumen 6

Elsevier BV 2012

ISSN 1872-0854

Resumen

En América del Sur, la incorporación de los organismos modificados genéticamente (OGM), diseñados para ser resistentes a los plaguicidas, han cambiado el modelo de agricultura con una dependencia masiva de los productos agroquímicos. Se utilizan diferentes pesticidas en respuesta a las demandas del mercado mundial de consumo para controlar las malezas, los artrópodos herbívoros y las enfermedades de los cultivos. En este artículo examinamos sus efectos sobre los seres humanos y en los modelos animales, en términos de genotoxicidad, teratogenicidad y daño celular. También hacemos hincapié en la importancia de los biomarcadores para la vigilancia médica de las poblaciones en situación de riesgo y proponemos el uso de biosensores como recurso sensible para detectar los efectos indeseables de las nuevas moléculas y los contaminantes ambientales. La compatibilidad del glifosato, el herbicida más intensamente utilizado en los cultivos transgénicos, para el manejo integrado de las plagas en los cultivos de soja, también se pone en duda.

1.Introducción

La productividad hortícola en las regiones subtropicales del mundo está severamente limitada por las plagas y las enfermedades que afectan a los cultivos, y por lo tanto, afecta a la calidad de los productos, convirtiéndose en una prioridad en todo el mundo en respuesta a las demandas del mercado de consumo. El uso de agroquímicos es la estrategia más común utilizada para el control de las malezas, de los artrópodos herbívoros y las enfermedades de los cultivos, pero que se convierte en un importante factor que afecta a los recursos naturales, así como a la salud de los trabajadores rurales y los potenciales consumidores.

En América del Sur, se utilizan distintos agroquímicos de forma masiva, con una preponderancia del uso de herbicidas de amplio espectro a base de glifosato (GBHS), del cual dependen completamente los cultivos modificados genéticamente (OGM) diseñados para ser resistentes al glifosato, tales como los cultivos de soja.

En Argentina, la extensión de tierra dedicada a la soja transgénica llegó a los 20 millones de hectáreas. Se rocían 200 millones de litros de glifosato para obtener una producción de 50 millones de toneladas de soja al año [1,2]. En Paraguay se está produciendo una gran expansión del cultivo de la soja, con semillas transgénicas introducidas ilegalmente en el país y una infraestructura montada por las grandes empresas [3,5]. En el año 2006/2007, la superficie cultivada alcanzó las 2.426.000 hectáreas, casi 400.000 hectáreas más que la cosecha del año anterior (2005/2006). De los herbicidas importados en 2002, el 75% estaba destinado al cultivo de la soja; de los plaguicidas importados, el 68% se utilizó en la misma zona, y de los fungicidas, el 65% tuvo un destino similar [6].

El modelo de agricultura extensiva basada en la Biotecnología OGM se aplica actualmente en América del Sur (principalmente en Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay), sin evaluación crítica, sin evaluaciones rigurosas y la información adecuada sobre el impactos de las dosis subletales sobre la salud humana y el medio ambiente, lo que lleva a una situación conflictiva. Los estudios sobre los posibles impactos son absolutamente necesarios, ya que existe una escasez de datos sobre la exposición crónica a los agroquímicos.
…

Necesidad de una ciencia crítica e independiente

Las Corporaciones Multinacionales manejan prácticamente el mercado mundial de semillas y productos químicos. No se puede inferir que la investigación realizada o respaldada por estas empresas sea totalmente objetiva. Investigaciones de grupos independientes han abierto el debate acerca delbisfenol A, mientras que los estudios financiados por la Industria no han encontrado efectos adversos relacionados con la exposición al bisfenol A, el 90% (n>100) de estudios no financiados por la Industria muestran significativos efectos adversos por la exposición al bisfenol A [177, 178]

Se encontraron varias malformaciones en conejos y ratas según estudios propios de la Industria para comprobar la teratogenicidad del ingrediente activo glifosato antes de su aprobación en 2002 por parte de la UE. Los estudios de la Industria no se pueden consultar por ser comercialmente confidenciales. Sin embargo, dichos datos fueron compilados por el Gobierno alemán en un Proyecto de Informe en 1998 (DAR), ya que Alemania ha sido el Estado miembro ponente para el glifosato y mantendrá este cargo hasta la próxima revisión del glifosato en el año 2015.

Se encontraron malformaciones que incluyen costillas adicionales, distorsiones que afectan a las costillas torácicas, malformaciones del corazón, agenesia renal, esternebras sin osificar, osificación reducida de centros craneales y arcos vertebrales sacrocaudales, así como variaciones esqueléticas y malformaciones viscerales, no especificadas en el DAR [179]

Es indispensable cambiar la dirección de la investigación científica, dejando atrás el reduccionismo y el pragmatismo que domina la agricultura en las últimas décadas. No será posible desarrollar una agricultura sostenible que satisfaga las necesidades sociales si el hombre no comienza a dar prioridad a las políticas que mejoren la seguridad ambiental y alimentaria frente a los intereses de la Industria Agroquímica y los Mercados. Los autores de este capítulo hacen un llamamiento a la comunidad científica para que sean conscientes de los riesgos involucrados a nivel local y a escala global, anticipándose a los problemas antes de que nos sorprendan.

Fuente: http://gmwatch.org/latest-listing/51-2012/14152-new-scientific-review-of-health-effects-of-pesticides-used-in-gm-agriculture

Breve crónica de una conferencia del Dr. Andrés Carrasco

http://sembremvalles.wordpress.com/2012/05/25/breu-cronica-de-la-conferencia-dandres-carrasco/

El sábado 19 de mayo ofreció una conferencia el Doctor Andrés Carrasco, en un acto organizado por la Alianza para la Soberanía Alimentaria de los Pueblos de Cataluña, Espacio de Recursos Agroecológicos y Somos lo que Sembramos.

La conferencia comenzó con una breve introducción por parte de Gregorio Álvaro, miembro histórico del movimiento contra los transgénicos. Su introducción sirvió para destacar el hecho de que España, y concretamente en Aragón y Cataluña, es el país de la Unión Europea donde más se cultiva el maíz transgénico.

El Doctor Andrés Carrasco informó de los resultados de los estudios realizados sobre los efectos de los herbicidas basados en el glifosato en el desarrollo embrionario de los anfibios. Los efectos teratogénicos fueron comprobados: dosis bajas de glifosato generan malformaciones en los embriones de los anfibios. Si se aplican directamente en el embrión dosis muy diluidas también se observan los mismos efectos. Enfatizó que la metodología empleada de estudios embriológicos es básica, pero que ha sido criticada porque no han gustado los resultados obtenidos. Los efectos teratogénicos del glifosato se explican por sus efectos sobre el retinol: el glifosato produciría un cambio en la concentración de retinol en el interior de las células. Los efectos teratogénicos del retinol en grandes concentraciones están bien documentados: junto con la talidomida y el alcohol son los agentes teratogénicos más importantes conocidos.

Además de explicar sus estudios, Andrés Carrasco mostró los estudios epidemiológicos que evidencia un aumento deenfermedades vinculadas al uso de pesticidas sobre la población rural de Argentina. Explicó que los intereses económicos de la Industria de la soja son protegidos por las decisiones políticas que tergiversan los informes que dibujan un panorama desastroso. Se produce a menudo una connivencia entre los científicos y la empresas dedicadas a los agronegocios. De hecho, una buena parte de las conferencia del Doctor Carrasco estuvo centrada en señalar la importancia de hacer una buena ciencia y advertir contra la falsa, vinculada a los intereses económicos, dejando de lado el bien común.

El audio de la conferencia se puede descargar aquí.

La conferencia también se grabó en vídeo, pero es de mala calidad. Se puede ver en este enlace.
http://noticiasdeabajo.wordpress.com/2012/08/26/nueva-revision-cientifica-sobre-los-efectos-en-la-salud-de-los-plaguicidas-utilizados-en-los-cultivos-transgenicos/

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