domingo, 21 de abril de 2013

SANTA FE: Un estudio médico avala sospechas sobre agroquímicos

La Universidad de Rosario relevó que en diez localidades del sur santafesino expuestas a agroquímicos aumentaron enfermedades y pérdida de embarazos.



Mientras organizaciones civiles acampan frente a la Legislatura de esa provincia para reclamar que se trate la reforma a ley de Fitosanitarios –que está a punto de perder estado parlamentario por segunda vez y nuevamente en el Senado– estudios realizados desde la Universidad Nacional de Rosario (UNR) sobre diez localidades santafesinas que conviven con fumigaciones de agroquímicos señalan un aumento de enfermedades endócrinas, respiratorias y dermatológicas en sus habitantes.

El relevamiento alcanza los últimos diez años, cuando el área de la soja se expandió exponencialmente, a poco de que el país aprobara cultivo de variedades transgénicas. Sus resultados también apuntaron que en algunas localidades se duplicó la pérdida de embarazos en lugares donde la fumigación se realiza a menos de 500 metros del casco urbano. A pesar de que todavía no pueden atar el fenómeno solamente a la exposición de los pesticidas agrícolas, los especialistas apuestan a profundizar los registros de salud con ayuda del gobierno provincial.

Cambio de paisaje

Hace 15 años, la entrada de las semillas de soja modificadas genéticamente, junto con el irremediable acompañamiento del glifosato como agente de fumigación para los cultivos, comenzaban a delinear otro paisaje en el país. Santa Fe, y en especial el sur, tradicional corazón del cultivo de trigo y la actividad ganadera, emprendió el camino hacia la sojización, siguiendo lineamientos productivos nacionales e internacionales.

La resistencia a las inclemencias del tiempo del “nuevo” cultivo, entre otros factores, generó paulatinamente el avance a tierras antes impensadas para este tipo de agricultura. A la par del incesante avance de la frontera transgénica comenzaron a verse indicios del impacto en los suelos y la población. La utilización de los agroquímicos necesarios para que la soja arroje buenos rindes fue foco de sospecha para los habitantes de las zonas rurales, quienes se preguntaron si existía quizás una relación directa entre estos fitosanitarios y las enfermedades, en muchos casos mortales, que los afectaban.

En 2010 comenzó a desarrollarse desde la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR, una iniciativa novedosa tendiente a lidiar con la sospecha. La intención era doble. Por un lado, diseñar un mecanismo práctico de evaluación final para los estudiantes que terminan la carrera, en contacto con la población. Y, en segundo lugar, poner a la universidad pública a producir conocimiento científico al servicio de esa comunidad, respondiendo a sus necesidades de saber qué estaba pasando con la repentina proliferación de ciertas enfermedades por encima de los índices acostumbrados. Así surgieron los “campamentos sanitarios”, una serie de relevamientos sobre la salud de la población a manos de estudiantes y un equipo de docentes.

Registros epidemiológicos domiciliarios, controles en niños dentro de las escuelas primarias, trabajos de promoción de la salud y prevención de enfermedades a través de talleres.

“Desde diciembre de 2010 llevamos realizados diez campamentos, en los cuales hemos involucrado, a través de los estudios, a 65.000 personas. En promedio, hemos cubierto al 65 por ciento de la población de las localidades, con picos interesantes como el de Totoras, con un 88 por ciento de la población entrevistada”, relata Damián Verzeñassi, responsable académico de los campamentos. Para llevarlos a cabo, el contingente académico trabajó junto a diversas instituciones locales y provinciales: escuelas, centros de jubilados, municipios, comunas, y ministerios. Las localidades cubiertas por los campamentos sanitarios fueron Santa Isabel, Murphy, María Teresa, San Gregorio, Villa Cañás, Bovril (Entre Ríos), Bouquet, María Susana, Wheelwright y Totoras.

Resultados preocupantes

“Las formas de producción que hemos instalado en nuestra región están teniendo un peso importante no sólo en la ganancia económica de algunos, sino también en la forma en que nos enfermamos y morimos”, describe Verzeñassi, quien asegura que en los últimos 15 años se modificaron los indicadores de salud de todas las comunidades relevadas. Los principales problemas que padece la población son hipertensión y diabetes, lo que coincide con el promedio a nivel nacional. Pero también apareció con fuerza algo que todavía no se registra en la estadística oficial: los problemas endócrinos, principalmente de la glándula tiroides. “Identificamos en estas poblaciones, que viven en general a menos de 500 metros de las áreas donde se fumiga un cambio en la forma de enfermar, y un incremento notable del hipotiroidismo, de enfermedades crónicas respiratorias y dermatológicas”, sindica.

Según el especialista, la pérdida de embarazos es otra de las cifras que ha aumentado en todas las localidades, en muchos casos duplicándose cuantitativamente en los últimos 10 años. “El impacto es muy importante como para desatenderlo”, remarca Verzeñassi. El especialista sostiene que ha quedado de manifiesto que quienes viven en áreas más próximas a las fumigaciones, presentan mayor cantidad de problemas de salud que los que viven más lejos. “Entendemos que el Ministerio de Salud provincial debería tener una participación mucho más activa”, reclama.

“La Justicia de Córdoba, por ejemplo, habló del principio precautorio en el fallo histórico de un tiempo atrás, respecto de lo que sucedió en el barrio Ituzaingó Anexo, donde hubo condenados por la aplicación sobre sus poblaciones. El propio Ministerio de Salud santafesino tiene un estudio a pedido de la Justicia por el caso San Jorge. Ese relevamiento demostró que en el período en el que se prohibió la fumigación alrededor de un barrio específico, las consultas respecto a los problemas de salud disminuyeron notablemente”, aporta el médico. Para Verzeñassi no es tarde para una reacción de las autoridades. “En vez de recorrer los pueblos con promotores de las buenas prácticas y de las bondades de algunas sustancias químicas –que las mismas empresas que las producen reconocen que generan daños– que se pongan a ver cómo aportan realmente con acciones concretas”, expresa.

El contexto es otra vez crítico. A fin de mes puede volver a caer el estado parlamentario del proyecto para modificar la ley 11.273 de Fitosanitarios, normativa que regula, entre otras cosas, la amplitud de la franja agronómica, es decir, la distancia hasta la línea a partir de la cual está permitido fumigar. Dos veces fue aprobada por Diputados y en la primera el Senado no la trató. Ahora el desenlace está, aun faltando muy poco para la fecha, todavía abierto, pendiente de la voluntad de los senadores santafesinos.

http://www.primerafuente.com.ar/noticia/701700-un-estudio-medico-avala-sospechas-sobre-agroquimicos

sábado, 13 de abril de 2013

Las diez peores prácticas de la industria farmacéutica

Las diez peores prácticas de la industria farmacéutica, según Ben G...
VER VIDEO AQUI (SUBTITULOS)

El divulgador británico denuncia en su libro “Mala farma” las conductas irregulares de las farmacéuticas.
La ocultación de los resultados negativos cuesta cada año muchas vidas, denuncia en su libro.

              
Ben Goldacre, autor de “Mala Farma” -Foto: Iona Hodgson

1. El 90% de los ensayos clínicos publicados son patrocinados por la industria farmacéutica. Este es el principal motivo por el que todo el sistema de ensayos clínicos está alterado, según Goldacre, y por el que se producen el resto de problemas.

2. Los resultados negativos se ocultan sistemáticamente a la sociedad. “Estamos viendo los resultados positivos y perdiéndonos los negativos”, escribe Goldacre. “Deberíamos comenzar un registro de todos los ensayos clínicos, pedir a la gente que registre su estudio antes de comenzar e insistir en que publiquen sus resultados al final”. En muchos casos, denuncia el autor de “Mala Farma”, las farmacéuticas se reservan el derecho de interrumpir un ensayo y si ven que no da el resultado esperado, lo detienen. Asimismo, obligan a los científicos que participan en estos estudios a mantener en secreto los resultados. Y esta práctica tiene de vez en cuando consecuencias dramáticas.

En los años 90, por ejemplo, se realizó un ensayo con una sustancia creada contra las arritmias cardíacas llamada Lorcainida. Se selección a 100 pacientes y la mitad de ellos tomó un placebo. Entre quienes tomaron la sustancia hubo hasta 9 muertes (frente a 1 del otro grupo), pero los resultados nunca se publicaron porque la farmacéutica detuvo el proceso. Una década después, otra compañía tuvo la misma idea pero esta vez puso la Lorcainida en circulación. Según Goldacre, hasta 100.000 personas murieron innecesariamente antes de que alguien se diera cuenta de los efectos. Los investigadores que habían hecho el primero ensayo pidieron perdón a la comunidad científica por no haber sacado a la luz los resultados.

“Solo la mitad de los ensayos son publicados”, escribe Goldacre, “y los que tienen resultados negativos tienen dos veces más posibilidades de perderse que los positivos. Esto significa que las pruebas en las que basamos nuestras decisiones en Medicina están sistemáticamente sesgadas para destacar los beneficios que un tratamiento proporciona”.

3. Las farmacéuticas manipulan o maquillan los resultados de los ensayos. En muchas ocasiones los propios ensayos están mal diseñados: se toma una muestra demasiado pequeña, por ejemplo, se alteran los resultados o se comparan con productos que no son beneficiosos para la salud. Goldacre enumera multitud de pequeñas trampas que se realizan de forma cotidiana para poner un medicamento en el mercado, como elegir los efectos de la sustancia en un subgrupo cuando no se han obtenido los resultados esperados en el grupo que se buscaba al comienzo.

4. Los resultados no son replicables. Lo más preocupante para Goldacre es que en muchas ocasiones, no se puede replicar el resultado de los estudios que se publican. “En el año 2012″, escribe Goldacre, “un grupo de investigadores informó en la revista Nature de su intento de replicar 53 estudios para el tratamiento temprano del cáncer: 47 de los 53 no pudieron ser replicados”.

5. Los comités de ética y los reguladores nos han fallado. Según Goldacre, las autoridades europeas y estadounidenses han tomado medidas ante las constantes denuncias, pero la inoperancia ha convertido estas medidas en falsas soluciones. Los reguladores se niegan a dar información a la sociedad con la excusa de que la gente fuera de la agencia podría hacer un mal uso o malinterpretar los datos. La inoperancia lleva a situaciones como la que ocurrió con el Rosiglitazone. Hacia el año 2011 la OMS y la empresa GSK tuvieron noticia de la posible relación de este medicamento y algunos problemas cardíacos, pero no lo hicieron público. En 2007 un cardiólogo descubrió que incrementaba el riesgo de problemas cardiacos un 43% y no se sacó del mercado hasta el 2010.

6. Se prescriben a niños medicamentos que solo tienen autorización para adultos. Este fue el caso del antidepresivo Paroxetine. La compañía GSK, según Goldacre, supo de sus efectos adversos en menores y permitió que se siguiera recetando al no incluir ninguna advertencia. La empresa supo del aumento del número de suicidios entre los menores que la tomaban y no se hizo un aviso a la comunidad médica hasta el año 2003.

7. Se realizan ensayos clínicos con los grupos más desfavorecidos. A menudo se ha descubierto a las farmacéuticas usando a vagabundos o inmigrantes ilegales para sus ensayos. Estamos creando una sociedad, escribe, donde los medicamentos solo se ensayan en los pobres. En EEUU, por ejemplo, los latinos se ofrecen como voluntarios hasta siete veces más para obtener cobertura médica y buena parte de los ensayos clínicos se están desplazando a países como China o India donde sale más barato. Un ensayo en EEUU cuesta 30.000 dólares por paciente, explica Goldacre, y en Rumanía sale por 3.000.

8. Se producen conflictos de intereses: Muchos de los representantes de los pacientes pertenecen a organizaciones financiadas generosamente por las farmacéuticas. Algunos de los directivos de las agencias reguladoras terminan trabajando para las grandes farmacéuticas en una relación bastante oscura.

9. La industria distorsiona las creencias de los médicos y sustituyen las pruebas por marketing. Las farmacéuticas, denuncia Goldacre, se gastan cada año miles de millones para cambiar las decisiones que toman los médicos a la hora de recetar un tratamiento. De hecho, las empresas gastan el doble en marketing y publicidad que en investigación y desarrollo, una distorsión que pagamos en el precio de las medicinas. Las tácticas van desde la conocida influencia de los visitadores médicos (con las invitaciones a viajes, congresos y lujosos hoteles) a técnicas más sibilinas como la publicación de ensayos clínicos cuyo único objetivo es dar a conocer el producto entre muchos médicos que participan en el proceso. Muchas de las asociaciones de pacientes que negocian en las instituciones para pedir regulaciones reciben generosas subvenciones de determinadas empresas farmacéuticas.

10. Los criterios para aprobar medicamentos son un coladero. Los reguladores deberían requerir que un medicamento sea mejor que el mejor tratamiento disponible, pero lo que sucede, según Goldacre, es que la mayoría de las veces basta con que la empresa pruebe que es mejor que ningún tratamiento en absoluto. Un estudio de 2007 demostró que solo la mitad de los medicamentos aprobados entre 1999 y 2005 fueron comparados con otros medicamentos existentes. El mercado está inundado de medicamentos que no procuran ningún beneficio, según el autor de “Mala Farma”, o de versiones del mismo medicamento por otra compañía (las medicinas “Yo también) o versiones del mismo laboratorio cuando prescribe la patente (las medicinas “Yo otra vez”). En esta última categoría destaca el caso del protector estomacal Omeprazol, de AstraZeneca, que sacó al mercado un producto con efectos similares, Esomoprazol, pero diez veces más caro

Tomado de: http://lamatrixholografica.wordpress.com/2013/04/09/las-diez-peores...
http://stopsecrets.ning.com/profiles/blogs/las-diez-peores-pr-cticas-de-la-industria-farmac-utica-seg-n-ben

lunes, 8 de abril de 2013

EUROPA PROHIBIÓ AGROTÓXICOS Y TRANSGÉNICOS

por Jorge



Apenas unos meses atrás, Andrés Carrasco, director del Laboratorio de Embriología Molecular de la Universidad de Buenos Aires (UBA-Conicet), fue invitado por el Parlamento europeo con sede en Bruselas, Bélgica, para exponer sus trabajos de investigación sobre agrotóxicos.
Con los antecedentes reunidos, la Unión Europea limitó y/o prohibió en todo su territorio un amplio vademécum de estos peligrosísimos productos, como asimismo la utilización de organismos transgénicos modificados, en salvaguarda de los habitantes de ese continente. En Argentina –y especialmente en Entre Ríos-, los legisladores actúan a la inversa.
Hay que recordar que Carrasco disertó en la Legislatura de Entre Ríos sobre este tema, y salvo quien lo invitó a hacerlo, el entonces diputado Héctor De la Fuente, ningún legislador entrerriano concurrió a escuchar su exposición. Una vergüenza.
Y no solo no concurrió ningún legislador, sino que tampoco lo hizo el secretario de Ambiente de la provincia, Fernando Raffo. Otra vergüenza.
Por estos días se está reeditando localmente el mismo escenario planteado en Europa el año pasado: la Legislatura está debatiendo el tema de los agrotóxicos, específicamente su aplicación a través de las fumigaciones.
En el contexto provincial, contrapuesto al del “Viejo Mundo”, los legisladores no invitaron a Carrasco ni tampoco a ninguno de los investigadores que en Argentina se están ocupando del tema.
Tampoco invitaron a las Asociaciones Civiles que vienen bregando para que se establezcan en forma perentoria la protección a ciudadanos y la naturaleza de la provincia que son víctimas de estos ataques a la salud y a la vida; ni a los médicos que están enfrentando este flagelo como Daniel Verseñazi de Paraná o Roberto Lezcano de Basavilbaso.
Asimismo, tampoco invitaron a las víctimas de estas prácticas que deambulan por hospitales de la provincia, donde son atendidas solo por la generosidad de algunos profesionales, dado que el sistema de salud de Entre Ríos “no registra casos” de afectados por los agrotóxicos a pesar de ser un territorio invadido por la soja transgénica.
Los legisladores entrerrianos en cambio invitaron a los representantes de la Federación Agraria, de la Mesa de Enlace, de la Asociación de Ingenieros Agrónomos de la provincia, de la misma asociación cuyos miembros en Gualeguaychú afirmaron en la Facultad de Bromatología que en la provincia no había ningún caso de intoxicación por agrotóxicos, ante un auditorio en el que estaba Fabián Tomassi (banderillero de Basavilbaso), cuya salud ha sido destruida por estos venenos, consignó Funda Vida.
Incluso a pesar de que está prohibido aplicar estos productos, a menos de mil metros de una vivienda o escuela rural, las denuncias de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (AGMER), acerca de que los alumnos son rociados por estos venenos quedan impunes.
Fuente: Diario El Argentino de Gualeguaychú
http://agmertala.com/europa-prohibio-agrotoxicos-y-transgenicos/

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martes, 26 de marzo de 2013

Los árboles de La Argentina Blanca



Monday, February 25, 2013

Los árboles de La Argentina Blanca

En la década kirchnerista se ha consumado la mayor devastación de árboles de la historia argentina. Sólo en el año 2012, más de cuarenta millones de árboles han sido destrozados por topadoras y sus restos quemados para crear campos de soja con el apoyo entusiasta del gobierno nacional y los sectores más conservadores de la oposición anti-K. Esta hecatombe se suma a los restos de cientos de millones de árboles carbonizados en años previos. En el Chaco salteño, en el norte de Santiago del Estero y en las tierras bajas de Jujuy he visto cómo opera la destrucción del espacio de los agronegocios: mandando topadoras y matones con la actitud que Hollywood presenta como ficción en la película Avatar, donde topadoras seguidas de hombres armados destruyen árboles gigantescos y remueven a sus habitantes originarios a la fuerza por ser obstáculos para el maximización del lucro.
A pesar de ser la responsable política de no poner coto a la inmolación de millones de árboles, Cristina Kirchner declamó hace poco, con tono épico, que no vamos a tirar un sólo árbol. Y agregó: “Los árboles no se tocan, son sagrados”. Los árboles sólo podrán ser cortados “sobre mi cadáver”, remató, en la afirmación más surrealista que haya hecho en todo su mandato. Después de todo, Cristina ha sido todo este tiempo la conductora de una topadora gigantesca que arrasa con multitudes de árboles tan vastas que su inmolación deja columnas de fuego y humo que se pierden en el horizonte. También fue surrealista pero también emotivo el ensayo cargado de afecto por los árboles que Ricardo Foster, talentoso filósofo oficialista y miembro activo de Carta Abierta, escribió en estos días en Página/12. Allí Foster proclamó su "amor" incondicional por los árboles por su "bondad y lealtad" así como su "odio" hacia quienes los destruyen. Foster agregó: "Siento en ellos cómo brota lo esencial, lo que perdura, aquello que sortea la frivolidad de los portadores de falsa eternidad". 
La repentina pasión y amor por los árboles de Cristina y su vocero filosófico, claro está, fue generada por una coyuntura política particular: las protestas que generó en Buenos Aires la tala de algo más de cien árboles en la ciudad por parte de líder máximo del anti-kirchnerismo nacional, Mauricio Macri. Pero lo que define a estas intervenciones fuertemente emocionales en contra de la destrucción de los árboles no es tanto su obvio oportunismo sino la forma en que su notable selectividad por defender ciertos árboles, y no otros, expresa una geografía afectiva particular, definitoria de lo que propongo llamar La Argentina Blanca. Esta es una categoría compleja, evasiva, que es importante analizar justamente porque la blanquitud y sobre todo su naturalización en percepciones afectivas del espacio es uno de los grandes temas hechos invisibles y tabú en las narrativas dominantes de la Argentina. El viejo argumento, que ya no convence a nadie, de que “acá no hay problemas de racismo” es el mejor ejemplo de que La Argentina Blanca tiende a tener una actitud negadora de su propia existencia y de su racismo constituyente. Pero valga aclarar que no concibo a La Argentina Blanca como un objeto acotado reducible a la gente argentina que es “blanca” o descendiente de europeos. De la misma manera que hay argentinos rubios y de ojos celestes como Osvaldo Bayer que siempre han luchado contra La Argentina Blanca, hay argentinos con sangre indígena como el ex-gobernador de Salta Juan Carlos Romero que siempre han sido sus grandes defensores. La Argentina Blanca es un proyecto político-espacial y una postura espacial y afectiva que han sido definitorios de la historia nacional: el intento de hacer del país un lugar blanco y libre de indios-mestizos-negros, o por lo menos un lugar donde no se note demasiado que la mayoría de la nación es morocha. Este es un proyecto utópico y acosado por el vértigo (y sobre todo el asco) que le genera la imposibilidad de su realización ante la realidad de las multitudes con rasgos indígenas (“esos negros de mierda”), pero que ha definido a las elites nacionales desde las masacres de gauchos lideradas por Sarmiento en Cuyo y las masacres de indios lideradas por Roca y Victorica en Pampa-Patagonia y el Gran Chaco hace ya más de un siglo.
 La gran paradoja es que el kirchnerismo, montado del contra-poder popular constituido en las calles por la insurrección de 2001, ha sido el primer proyecto político desde Perón que le disputa poder, de igual a igual, al ala más reaccionaria y racista de La Argentina Blanca. De allí el profundo odio que el núcleo duro de La Argentina Blanca expresa por el “populismo zurdo” de La Yegua y por esos "negros de mierda" que la votan "por un plan y zapatillas". Ese es, sin duda, el gran mérito histórico del kirchnerismo: haber desafiado a los viejos dueños de la Argentina, que crearon su riqueza sobre el saqueo capitalista del "desierto". Pero la voluntad de Cristina de desafiar tiene claros límites. Aliándose con lo peor de los feudalismos provinciales, el kirchnerismo ha apretado el acelerador de la maquinaria destructiva con la que La Argentina Blanca, la misma que lideró las protestas de "el campo”, está arrasando con espacios mestizos-criollos-indígenas en zonas rurales. El que Cristina y Foster digan sentirse afectados y emocionados por la destrucción de árboles como si millones de árboles nunca hubieran sido destruidos por el modelo sojero que ambos promueven confirma algo importante, y que el ala izquierda del kirchnerismo (o lo que queda de ella) sólo puede seguir tolerando a su propio riesgo. Lo que el silenciamiento de la incineración de los árboles del norte hace transparente es cómo el gobierno ha abrazado como propio, con su retórica progre y sus planes sociales financiados con el saqueo rural, el proyecto espacial y afectivo de La Argentina Blanca: el hecho que no los afecte la devastación de millones y millones de árboles igualmente vivos y e igualmente nobles en nombre del progreso (siempre el progreso), pues esos árboles son sentidos como que no cuentan por ser parte de una geografía lejana al ideal europeo de La Agentina Blanca. Esas zonas pobres de árboles sin valor que alimentan, como hace un siglo, formas aceleradas de despojo capitalista.
Pero es necesario hurgar más detenidamente en los parámetros raciales y espaciales que se esconden detrás de los recientes llamados a inculcar un afecto con los árboles como seres nobles que son parte viva de nuestra tierra. Foster aclara de entrada que su “elogio y defensa de los árboles” está geográficamente delimitado. Su ensayo es un homenaje a “los árboles de Buenos Aires”: esto es, los árboles de La Argentina Blanca. Esta localización hace invisible esos otros árboles: los sacrificados en el altar del modelo extractivo kircherista. Macri, desde ya, cultiva exactamente la misma geografía afectiva y con la misma selectividad. El líder del PRO, puesto contra las cuerdas por meter motosierras en plena Avenida 9 de Julio, replicó que el gobierno nacional había destruido más árboles que él. Los árboles se volvieron, de repente, armas políticas incluso para un miembro de la elite de La Argentina Blanca. Siendo justamente la Gran Esperanza Blanca de la vieja guardia de La Argentina Blanca, claro está que Macri no se refería a esos millones de árboles devastados en tierras mestizas cuya destrucción él también apoya con entusiasmo (después de todo, el delfín del PRO en Salta es el “Rey de la Soja” Alfredo Olmedo, destructor de cientos de miles de hectáreas de árboles y feroz expropiador de tierras criollas e indígenas). Al igual que los árboles de Foster y Cristina, los ejemplares vegetales cuya destrucción Macri denunció están en la gran urbe de La Argentina Blanca: los que, según él, tiró abajo el gobierno nacional para hacer la exposición de Tecnópolis. Abanderada de una nueva causa, Cristina respondió con un gran despliegue, mostrando fotos satelitales del predio de Tecnópolis antes y después de la feria que “demostraban” que tal destrucción de árboles no había existido. Estos cruces verbales en defensa de los árboles están marcados por una misma mirada que está sesgada en su espacialidad. Esto nos muestra que Macri, Cristina y Foster comparten, a pesar de sus peleas, el mismo paradigma espacial y afectivo de una nación que está tan racializada que ni los árboles escapan a la obsesión no del todo conciente de hacer invisibles a los espacios indios-mestizos, como espacios que cuentan menos que aquellos celebrados por La Argentina Blanca. Dime qué tipos de árboles te preocupan y cuáles ignoras, y dónde está cada uno, y te diré quién eres.
Cristina agregó un detalle no menor sobre cuáles son las geografías del país donde los árboles tienen valor. Cuando dijo que los árboles son “sagrados”, aclaró “por lo menos aquí en El Calafate”. La Patagonia ha sido un espacio neurálgico en el proyecto de blanquear y por ende de-indianizar el espacio de la nación. Las elites nacionales siempre han hecho grandes esfuerzos por europeizar la Patagonia y hacerla parecer física y arquitectónicamente a los Alpes suizos o alemanes, como lo demuestra cualquier visita al centro de Bariloche, donde la estatua de Roca está rodeada de una arquitectura que remite a los Alpes. Y ello ha significado presentar a la numerosa población mapuche originaria de la Patagonia como “extranjeros chilenos”, como lo hace regularmente en La Nación Rolando Hanglin, uno de los voceros más desinhibidos del racismo de La Argentina Blanca. La inclusión de Cristina de los árboles patagónicos dentro de aquellos a los que sólo se podría talar “sobre mi cadáver” confirma cuál es, y dónde está, el tipo de árboles que ella nunca destruirá.   
Los centenares de millones de árboles igualmente argentinos que han sido hechos pedazos y siguen siendo devorados por la voracidad despiadada de “boom sojero” no cuentan para Cristina o Macri como realmente existentes porque no están en Buenos Aires o en la Patagonia sino en los espacios más mestizos e indígenas del territorio argentino: Santiago del Estero, Salta, Chaco, Formosa. Estos son reductos de las poblaciones rurales que descienden de aquellas personas que ocupaban el país antes de que llegaran los barcos huyendo de la miseria de Europa, y que ahora están siendo sometidas a un acelerado proceso de saqueo y expropiación. En la escala de valores de La Argentina Blanca, en estos lugares de calor, polvo y pieles oscuras el valor degradado de sus árboles es equivalente al valor degradado de sus gentes . Esos son árboles y personas que, como diría Jacques Ranciere, no cuentan: un conglomerado de maderas de algarrobos, quebrachos, palos borrachos y de carne de seres humanos wichí, criollos, tobas que conviven bajo una misma geografía desgarrada. Este amalgama humano-vegetal siempre ha sido mirado con desprecio y de reojo desde Buenos Aires, Rosario o El Calafate como esa zona exótica, extraña, distante, no-blanca de la Argentina.
Mientras en los centros de poder se cantan loas contra la destrucción de los árboles de La Argentina Blanca, todos los días miles de árboles en Santiago del Estero o Salta caen bajo las topadoras de quienes promulgan, como diría Foster, "la frivolidad de los portadores de falsa eternidad". Si estos árboles de piel oscura que son despojados de valor, nobleza y bondad sobrevivirán en el futuro, en espacios cada vez más reducidos, no será por la sensibilidad de las elites urbanas sino porque la gente que vive a su alrededor le pone el cuerpo, desde hace años y con crecientes formas de organización y solidaridad, a las topadoras y a los matones armados que los acechan. Y ellos saben mejor que nadie de qué lado está Cristina: defendiendo en público a los gobernadores de las provincias donde campesinos e indígenas son asesinados cada vez con mayor frecuencia, como si estuviéramos en esa Argentina despiadada de hace un siglo donde (como escribió Sarmiento) la sangre de gauchos e indios era barata y desechable: la época dorada del “granero del mundo” a la que La Argentina Blanca, esta vez de la mano de la soja, siempre sueña con volver.





lunes, 11 de marzo de 2013

Hacia donde vamos con los transgénicos???


http://www.jornada.unam.mx/2013/02/21/opinion/024a2pol
La Jornada (México), Jueves 21 de febrero de 2013Cuarenta aniversario de los transgénicos
Ignacio Chapela*
Este año, la transgénesis cumple 40. Son pocos años, si se considera que la manipulación transgénica (la introducción forzada de material genético de varios organismos diversos en otro que los recibe y los reproduce) es una intervención en la biología del planeta sin precedente en los miles de millones de años que ha existido la vida en esta, nuestra esquinita del cosmos.
Pero 40 años son muchos cuando se considera que esta intervención se ha visto distribuida sobre una superficie significativa del planeta. Los humanos hemos mantenido, en promedio, unos 100 millones de hectáreas de cultivos transgénicos cada año desde su primera comercialización oficial en 1996, concentradas principalmente en cinco países. Esto, sin contar liberaciones imprevistas. Lo interesante es que ahora contamos con datos de esta experiencia de 40 años para evaluar la transgénesis.
Algunos piensan que este “experimento” con el planeta demuestra de alguna manera la inocuidad de los transgénicos; argumentan que no ha habido evidencia de daño alguno asociado a la liberación o uso de estos organismos. Otros, como yo, consideran que nunca fue este un experimento, porque nunca hemos hecho lo mínimo necesario para que lo fuera, a saber: mantener controles y observar sistemáticamente los resultados. Los transgénicos se liberan al ambiente sin posibilidad de compararlos con algún control y sin etiquetar. ¡Ningún estudiante de secundaria pasaría la materia si cometiera el error de no incluir un control ni marcar los tubos en su experimento! Tal vez no tengamos un experimento, pero historia, sin embargo, sí tenemos.
Después de su primera generación en 1973, el doctor Paul Berg, junto con otros pioneros de la transgénesis, llamó a una reunión urgente en el centro vacacional de Asilomar, al sur de San Francisco, pidiendo a todos los científicos un periodo de reflexión sobre los posibles riesgos de la transgénesis. El riesgo más importante que ellos podían vislumbrar era el posible escape al ambiente de alguna bacteria con propiedades patogénicas aumentadas, como lo sería una resistencia a los antibióticos. Hoy sabemos que este riesgo se ha convertido en realidad: al muestrear seis de los ríos más importantes de China, un grupo de investigadores demostró que en todos ellos las poblaciones nativas de bacterias han incorporado ADN originado en laboratorios o en campos de cultivo río arriba. Además, las secuencias de ADN transgénico encontradas no son irrelevantes: las bacterias que las llevan se vuelven resistentes a antibióticos.
Esta es, en otras palabras, la demostración de que la peor pesadilla del doctor Berg es ahora una realidad ecológica innegable. Por si hiciera falta resaltar la importancia de este descubrimiento, hay que dejar en claro que sabemos ahora a ciencia cierta que los transgénicos no se quedan inmóviles en el sitio en el que se les libera, sino que se transfieren por mecanismos de transmisión “horizontal” de material genético de las plantas transgénicas a las bacterias de vida libre en el ambiente, de donde pueden continuar, ahora invisiblemente, dispersándose. El hecho de que las bacterias de vida libre desarrollen el fenotipo específico de la resistencia a los antibióticos significa además que estamos “armando,” a través de los transgénicos, a la próxima generación de bacterias patogénicas que encontraremos nosotros, nuestros animales y plantas cultivadas, sin las herramientas que el siglo XX nos dio para defendernos de sus infecciones. Hay que notar que la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos es el tema que más preocupa a las instituciones de salud pública de todo el mundo en estos momentos.
El escape de los transgénicos por transmisión génica horizontal se añade a los documentados ejemplos de su escape a través de los mecanismos más conocidos de polinización y movimientos o intercambios de semillas. Sabemos, pues, que la liberación intencional o inadvertida de transgénicos al ambiente tiene consecuencias que van mucho más allá del campo de cultivo en el que se les introduce, y que esas consecuencias durarán muchísimo más tiempo del que pensábamos hace 40 años.
Sabemos más: en los últimos dos años hemos recibido información clara sobre las consecuencias del consumo de transgénicos. Sabemos que el material genético de los transgénicos (sobre todo el ARN) sobrevive a la digestión en el humano en suficientes cantidades como para tener un efecto importante en la salud de quien los consume. Hemos visto los resultados de estudios de alimentación en modelos animales como las ratas, gracias al trabajo de los equipos dirigidos por los doctores Pusztai en Escocia y recientemente de Séralini en Francia. A pesar de las campañas de descrédito en su contra, estos estudios continúan sin refutación científica, indicando que a mediano y largo plazos el consumo de transgénicos puede tener consecuencias importantes en la salud.
Sabemos también que los materiales transgénicos pueden tener comportamientos inesperados, como lo demuestran dos estudios recientes. Primero, una secuencia inusitada encontrada en la mayoría de las plantas transgénicas, el llamado “gen VI”, no sólo contribuye a la activación desmesurada de las regiones genómicas en que se encuentra, sino que también, soprendentemente, parece bloquear la capacidad de defensa de la planta –o cualquier otro organismo– ante ataques de virus. En otro estudio hemos aprendido que la introducción de ARN transgénico en las plantas que forman la dieta humana puede conferir regulación directa de ese ARN sobre los tejidos del humano a varios niveles, alterando su fisiología de maneras complejas. Debe notarse que una “nueva generación” de transgénicos propone el uso del tipo de ARN en cuestión, a través de los llamados ARN de interferencia.
Desde una perspectiva estrictamente biológica, los riesgos de la liberación de transgénicos al ambiente, que ya se podían vislumbrar hace 40 años, son ahora daños reales en la ecología del planeta: contaminación genética, generación de resistencias en malezas, plagas y patógenos, daños por el abuso de los pesticidas asociados, y muchos más. A ellos, la historia continúa agregándoles sorpresas inusitadas: la transferencia horizontal rampante, las alteraciones fisiológicas sutiles pero importantísimas debidas directamente al consumo de transgénicos, la emergencia de nuevas cepas de bacterias resistentes y de cultivos con nuevas susceptibilidades. Tenemos, sin duda, evidencia de prima facie para concluir que los transgénicos, en su 40 aniversario, merecen una nueva evaluación que confronte ya no los riesgos hipotéticos contra los beneficios a futuro, sino los daños demostrados contra las promesas incumplidas de rendimiento y seguridad.
* Profesor de la Universidad de California en Berkeley
http://soclaperu.wordpress.com/2013/02/23/httpwww-jornada-unam-mx20130221opinion024a2pol/

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TRANSGENICOS EN MI NEVERA

sábado, 9 de marzo de 2013

QUEREMOS SABER QUE COMEMOS!

Exigimos una Ley de etiquetado de Transgénicos.



Por qué es importante

La necesidad de etiquetado de los productos alimenticios de origen transgénicos aumenta en el mundo, así como aumenta la cantidad de productos que los contienen y el riesgo que generan para la salud y a los territorios y poblaciones en los que se producen.

Ya han adoptado legislaciones de etiquetado la Unión Europea, China, Australia, Japón, Noruega, Suiza, Arabia Saudita, Brasil entre otros. La ausencia de una legislación de etiquetado en la República Argentina hace que no se pueda distinguir entre un alimento que contenga transgénicos de uno que no lo contenga, restringiendo el acceso de estos últimos a los mercados, desalentando su producción e imposibilitando al consumidor a poder elegir contando con una información amplia, detallada y veraz que es una condición ineludible para ejercer la libertad de elección que garantiza nuestra constitución:

El artículo 42 de la Constitución Nacional, establece : "Los consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación de consumo, a la protección de su salud, seguridad e intereses económicos; a una información adecuada y veraz; a la libertad de elección, y a condiciones de trato equitativo y digno.

Las autoridades proveerán a la protección de esos derechos, a la educación para el consumo, a la defensa de la competencia contra toda forma de distorsión de los mercados, al control de los monopolios naturales y legales, al de la calidad y eficiencia de los servicios públicos, y a la constitución de asociaciones de consumidores y de usuarios. La legislación establecerá procedimientos eficaces para la prevención y solución de conflictos, y los marcos regulatorios de los servicios públicos de competencia nacional, previendo la necesaria participación de las asociaciones de consumidores y usuarios y de las provincias interesadas, en los organismos de control"

Unite a la lucha en Facebook: Millones contra Monsanto
http://www.facebook.com/pages/Millones-contra-Monsanto/290999004340502
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Mas Información:
Que son los Organismos Genéticamente Modificados (“OGM”)?
Son aquellos organismos vivos (vegetal o animal) en el que el material genético (ADN) ha sido alterado de manera artificial, confiriéndole una determinada característica o propiedad que no posee de manera natural. Esta definición engloba los transgénicos, pero no todos los OGM son transgénicos.

Que son los transgénicos?
Los transgénicos son organismos genéticamente modificados a los que se les ha añadido algún gen de “otra especie”.

Lista de Alimentos que contienen transgénicos en la Argentina http://www.facebook.com/photo.php?fbid=300333236740412&set=a.291001767673559.65305.290999004340502&type=3&theater

¿Qué dicen los científicos?
La Asociación Médica Británica, el Consejo Nacional de Investigación de los Estados Unidos y otras prestigiosas instituciones aconsejan prohibir el uso de transgénicos y sus productos y recomiendan se investigue sus impactos sobre la salud y el ambiente a largo plazo.
Un reciente estudio realizado en Francia (2012) con ratas expuestas a consumo de granos transgénicos en comparación con otro grupo que consumía granos orgánicos se comprobó que al cabo de dos años las ratas que comían transgénicos desarrollaban enormes tumores y morían prematuramente.
Más info en http://www.facebook.com/photo.php?fbid=304540889652980&set=a.291001767673559.65305.290999004340502&type=3&theater

¿Qué características poseen estos OMG?
Dos características predominan en los cultivos transgénicos comerciales actuales:
a) tolerancia a herbicidas principalmente, al glifosato. 73% de los cultivos son de este tipo, llamados ¨Round-Up Ready¨ (RR) por su tolerancia al herbicida ¨Round-Up¨ de la compañía MONSANTO.
b) la producción de toxinas plaguicidas (Bt). Estos cultivos plaguicidas cubren 18% del área sembrada con transgénicos. Otro 8% del área total está sembrada con cultivos transgénicos que tienen ambas características.

¿Quién produce los OMG? Cinco compañías transnacionales de la agro-biotecnología controlan el mercado: Dupont, Syngenta, Bayer, Dow y, en particular, MONSANTO que produce 91% de las semillas transgénicas sembradas en el mundo.

¿Por qué se producen los OMG? Se promueve el desarrollo de cultivos transgénicos con promesas de ayudar a resolver el problema del hambre y a lograr una agricultura libre de agrotóxicos. Pero la realidad es otra. Estudios demuestran que los transgénicos no rinden más que los cultivos naturales, son más contaminantes e introducen nuevos riesgos. El interés y razón de ser de cualquier compañía es obtener ganancias. Las corporaciones obtienen ingresos por las patentes sobre los transgénicos y a la vez ejercen un control sobre el sistema agro-alimentario mundial por controlar el insumo fundamental: las semillas.

¿Cuáles son sus riesgos?
El uso de transgénicos trae riesgos para la salud y para el ambiente, viola derechos ciudadanos, socava la soberanía alimentaria y consolida el control corporativo sobre el sistema agroalimentario mundial. Las transnacionales inventaron OMG resistentes a sus propios herbicidas. Como consecuencia, se aumenta el uso de herbicidas y, por ende, la contaminación del ambiente y de los alimentos.

Además de esta ley debemos exigir que no se apruebe la “Ley MONSANTO” que el Poder Ejecutivo Nacional promueve y que le otorgaría a MONSANTO el reconocimiento de las patentes sobre las semillas modificadas, consolidando su MONOPOLIO y poniendo en riesgo fatal a las semillas nativas que son el más importante patrimonio de los pueblos.

La liberación al ambiente de un transgénico puede provocar una serie de impactos ecosistémicos. Cuando los cultivos transgénicos polinizan los cultivos naturales, los contaminan genéticamente y crean semillas híbridas transgénicas que en este caso también deberían pagar regalías a Monsanto por el uso de su genética.

¿Cómo enfrentar la invasión de los transgénicos?
Defendiendo la soberanía alimentaria con la promoción y recuperación de prácticas y tecnologías tradicionales, que aseguren la conservación de la biodiversidad, la producción local y nacional.
Respetando la diversidad productiva y cultural (son más que conocidos los atentados contra los pueblos originarios y campesinos/as que son asesinados o expulsados de sus tierras).
La contaminación genética de cultivos tradicionales es IRREVERSIBLE, imposible de controlar y significa que toda su descendencia, se convertirá en transgénica y se perderán para siempre cultivos tradicionales y la opción y el derecho a consumir alimentos naturales. Por ello es primordial que tomemos conciencia respecto de la necesidad de fomentar la producción y el cuidado de cultivos tradicionales, orgánicos y libres de OGM o Transgénicos.
Debemos exigir leyes y regulaciones fuertes que garanticen la bioseguridad y los derechos a una agricultura y alimentación no-transgénica.
En salvaguarda del derecho a alimentos naturales, sanos, no-transgénicos para toda la población, debemos exigir al gobierno la etiqueta sobre que productos contienen y cuales no transgénicos.
Conjuntamente con la prohibición de liberar nuevos cultivos transgénicos y la reconsideración de los cultivos ya autorizados para revertir la situación actual, apuntando a la eliminación total de los cultivos transgénicos en todo el territorio Argentino.

Unite a la lucha en Facebook: Millones contra Monsanto
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miércoles, 27 de febrero de 2013

La enorme riqueza de los argentinos, casi tan grande como su propia estupidez


Héctor Antonio Colazo

MUY IMPORTANTE PARA LEER, EN SU CONTENIDO OBTENDREMOS DATOS MUY INTERESANTES Y DESCONOCIDOS, QUE PASA EN EL SUR??
Cuando se unen la estupidez con la ignorancia....

Algo muy llamativo está sucediendo en Argentina desde hace varios años.

En el final de este comentario introductorio daremos a conocer una cifra que se desprende de esta historia que a más de uno va a dejar helado.

Se trata de un tema poco difundido en los medios masivos.

En realidad, es más probable que aparezca en el National Geographic que en nuestra TV abierta.

Por estos días, la prensa argentina e internacional se ocupa extensamente de lo que está ocurriendo en Punta Tombo, Chubut, donde miles y miles de pingüinos llegan hasta esas playas cercanas a la Península de Valdez.
Los llamados pájaros bobos son la atracción para visitantes argentinos y extranjeros.
De todas formas, desde hace ya varias temporadas a estas pequeñas criaturas de 50 cm de alto les surgió una "competencia" que está alterando el mapa de las aves patagónicas.

Los albatros y las gaviotas se han multiplicado de tal forma en esa geografía nacional que algunos biólogos del CENPAT (Centro de Estudios del Medio Ambiente Patagónico) están estudiando de dónde proviene semejante cantidad de ejemplares alados.
A lo largo de todo el gigantesco golfo San Jorge y en localidades pesqueras aledañas de Chubut y Santa Cruz, los habitantes del lugar ven el cielo oscurecerse cuando las bandadas terminan literalmente tapando al sol.
¿De dónde salieron?
¿Por qué son tantos?, se preguntan.

Usted, con razón, también se puede preguntar:

¿Y esto que tiene que ver con nuestra realidad?
Ya llegamos, esté atento a la cifra que le vamos a revelar.
Estos gigantes del aire despegan hacia el mar en busca de comida...
Los científicos dicen que cada día encuentran más comida, por eso se reproducen tanto, por eso son cien veces más que en los cercanos años noventa; cien veces más.
Resulta que tanto los albatros como las gaviotas encuentran flotando cientos de toneladas de peces muertos muy cerca de la costa…
¿Es la contaminación?
¿Es un fenómeno natural?
No, es simplemente Argentina. El Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación tuvo una desastrosa idea:

Retirar los inspectores que iban a bordo de los pesqueros y los fresqueros que buscan langostinos, cambiándolos por meros "observadores", con un casi nulo poder de policía.

Este hecho coincidió casualmente (o no tanto) con otras dos situaciones desgraciadas:


1. La Comunidad Económica Europea expulsó de sus mares a los buques congeladores que eran altamente depredadores.

Ante la imposibilidad de trabajar en el viejo continente, las grandes empresas españolas emigraron hacia Argentina, donde la depredación es una palabra desconocida, casi sin uso.

2. Las autoridades provinciales de Santa Cruz y Chubut en los noventa completaron el círculo permitiendo a las naves factorías foráneas a tirar (sí, a tirar por la borda) aquel pescado que no les conviniera.

Desde entonces, los buques que buscan langostinos sólo se interesan por esta especie, que cuesta en el mercado internacional 18 dólares el kilo.

Leyó bien, casi 60 pesos el kilo.

Por ello, arrojan al mar la merluza, el cazón, el abadejo, las rayas y hasta el salmón que caen en sus redes.

Como la merluza es un predador del langostino, ejemplares de muchísimo kilaje quedan atrapados, son llevados a la cubierta y luego arrojados al mar.

Como estos peces viven a 80 o 90 metros bajo la superficie, una vez subidos al barco mueren por una normal diferencia de presión.

Aunque sean devueltos al océano, ya están muertos.

¿Quién se los come?

Acertó: los albatros y las gaviotas...

¿Sabe cuántas toneladas de merluza tira al mar cada uno de estos barcos de 40 o 50 metros de eslora? 10 toneladas diarias; 10.000 kilos.

Siga sumando con nosotros.

10.000 kilos por día, sólo de merluza (no estamos contando centolla, ni abadejo, ni cazón, ni salmón, ni nada de eso) hay que multiplicarlos por la cantidad de barcos que salen a buscar langostinos.

¿Sabe cuántos son, cada día, sólo en esa zona?

Nunca menos de cien.

Multiplique, cien barcos, que tiran diez mil kilos de merluza, son un millón de kilos de pescado arrojados al mar cada vez que sale el sol.

¿Sabe cuántos argentinos podrían comer estos manjares gratis cada día?

Un millón de compatriotas, que dejarían de tener hambre, porque un kilo de excelente pescado es un regalo de los dioses.
¿Sabe cuál es el país que tiene la mejor educación y la tecnología más avanzada del mundo?

Japón. ¿Y sabe cuál es la base de la comida nipona?

No es el arroz como nos hacen creer, es el pescado.

¿Hace falta detallar las virtudes que les traería a nuestros chicos alimentar sus cerebros con fósforo de nuestros mejores ejemplares marinos?

Estos números que causan vergüenza fueron denunciados una y otra vez por los marineros no nucleados en el SOMU, el sindicato que dirige el impresentable "Caballo" Suárez, ese irresponsable titular del gremio marino que se emborrachó en el medio de una gira de Cristina Kirchner por Europa, generando un escándalo que motivó que lo sacaran de la delegación.

La oposición a Suárez les ha implorado a los empresarios, a los gobernadores patagónicos y a las autoridades nacionales, que terminen con esta depredación del recurso y que alimenten a la gente pobre, que también existe en el sur de nuestro país.

¿Saben cuál fue la respuesta de los dueños de las pesqueras españolas?

Tratan de no contratar personal de a bordo argentino, optando por peruanos y bolivianos que no se quejan de la depredación; porque, total, la plataforma continental no la sienten como propia.

¿Saben qué contestan los políticos argentinos?

Les bajan los impuestos a las ganancias para que ganen más y no sigan protestando.

Hace pocas semanas, los marineros opositores se rebelaron y quemaron varias plantas de procesamiento en Puerto Deseado.

Uno de los pedidos, además del salarial, era que dejaran de tirar pescados muertos al mar.

Los científicos extranjeros que analizan la multiplicación de gaviotas y albatros señalan con resignación:

"La causa de semejante mutación en la población de aves no es otra que la enorme riqueza de los argentinos, casi tan grande como su propia estupidez." Por Alicia Jardel Profesora y Colaboradora de Investigacion de Bélgica Ahora ya lo sabés.

En lugar de amargarte, nada más, difundilo. Este es otro de los interminables negociados que hacen los políticos a expensas de la riqueza de nuestro suelo, la apatía de nuestro pueblo, (y lo que es muchísimo peor) el futuro de nuestros hijos ...

DORA GRIGERA - DOCTORA EN BIOLOGIA - INVESTIGADORA DEL CENTRO UNIVERSITARIO DE BARILOCHE - UNIVERSIDAD NAC.DEL COMAHUE

Y cuando dudes en divulgarlo, pensá en el futuro de tus nietos ...

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Publicado por ECOSALTA
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